martes

Torería, frescura y naturalidad... Sergio Flores en Acho

Fue ayer, cuando La México se extasiaba ante el faenón de Saldívar, cuando otro integrante de esa transhumante nueva generación de toreros mexicanos pisaba el albero más antiguo de la América Taurina.  La plaza de toros de Acho.

Porque soy aficionada, me siento obligada a dejar aquì constancia que lo ví.  Y de lo que ví.

Pude hablar con él desde su llegada a pasear el coso bajopontino días antes.  Le conté algo de su historia, aquella escrita con toreo de oro y plata, entre los que desde muy atrás, tuvieron protagonismo paisanos suyos, algunos figuras legendarias del toreo.  Le conté de un don Luis Procuna Montes, que se llevó una pata cortada en Acho, la última, y el primer escapulario de oro del Señor de los Milagros, preciado trofeo ferial limeño allá por 1947. Maestros como Armillita, Calesero, Arruza, Silveti, Cavazos... hasta un Garibay, dueño de otro escapulario en el 2001 arrebatado a José Tomás, y el más nuevo Silveti, estrenado como novillero en el 2010 que salió a hombros, arropado por su capote con la imagen guadalupana, luego de recibir orejas simbólicas por un indulto.

Ya me había dicho, en tan breve tiempo de charla, cuanto lo motiva la competencia incluso con sus compañeros de esa transhumante nueva generación de aztecas que viven su profesión en la cuna del toreo.  Pero oir la historia de aquellos de los suyos, por nacionalidad y profesión, que habían conquistado no solo algun trofeo sino el corazón mismo de Acho, hizo que sus ojos vivaces se abrieran e iluminaran mucho más.

Llegó el día y hora señalados. Sergió pisó primero y fue por delante y firmó una faena de importancia.  Lo mejor fue constatar su concepto, variado y clásico, sin perder esas esencias denominación de origen acaso enriquecidas con la técnica en forja de dureza y competencia hispana que construyen una tauromaquia de valor, empaque y torería. No pudo tocar pelo por esas cosas del toreo. Para él seguro que era indispensable pero para los que vamos por  disfrutar del toreo bueno, fino y caro.  Bastó.

Sergio Fores, novillero mexicano, enganchó su corazón con Acho y con Lima. También su toreo.  Quiere volver, aún si no torea, dice.

Dios permita que los toros lo respeten por donde vaya, y que se le pueda ver  otra vez pasear el ruedo de esta catedral del toreo americana, que carga más de 240 años de historia, y que él a fe que honró con su expresión, fresca, fácil, natural y muy personal.
Foto Agustín

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