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Poesía barroca y toros

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Hoy desperté temprano, mi corazón se siente tranquilo y creo que también le ha venido bien sentirse amado de nuevo. Tomé una primera clase virtual de baile con un "barcelonés" que habla español y me divertí mucho. Me preparé un breve desayuno y luego, bueno pues me he descubierto ya en la oficina, lista para trabajar. Recordé gracias a Twitter que hoy es natalicio de Francisco de Quevedo, el gran poeta español del Siglo de Oro... ese momento del Renacimiento en el que las letras y la cultura españolas brillaron tanto. Ese mismo momento lo comparte Quevedo con otros grandes como Sor Juana y Góngora, por ejemplo. Pero pasaré a lo que vengo. Traigo a cuento tres poemas de Quevedo que contienen imágenes taurinas (no exactamente tauromáquicas), sin embargo es posible sentir en esos versos la naturaleza de nuestro toro bravo.
Sin más, los dejo con ellos, hoy que Quevedo cumpliría unos 438 años.

Con la comparación de dos toros celosos, pide a Lisi no se admire del sentimiento de su…

Me sorprendió su calma

Hace tiempo que me alejé del toro. Volví la tarde pasada y me encontré con un escenario diferente, tres años pesan en carreras que no despegan como la de Diego Silveti, y abren oportunidades para toreros valientes como Roca Rey. Difiero de aquellos que lo denostan sólo por ser temerario, porque no es lo mismo un Roca Rey que un Arturo Macías... Y concuerdo con aquellos que ven Adames por todos lados, aunque lo cierto es que se han abierto paso a la brava porque en este país no hay otra forma. O naces príncipe y te ponen en todas las ferias o te aferras a construir con tu apellido una dinastía, con calzador, por la fuerza, con violencia... lo que nos quema es el mal gusto, ese dejo de desesperación, que no es sino el escozor de los límites que tiene la gente que no nació en cuna de oro. La oreja de Luis David Adame, bien ganada.

Volví a la plaza y me encontré a los amigos, a las amigas, tomé 43 carajillos... no hacía frío. La plaza era la misma, los toreros valientes... son ya otros. A…

Antes de que olvide lo que fue

Héctor ha muerto, la ciudad sigue en asedio, todos sufrimos porque no hay señales de poder salir.
El Sol se ha ocultado y con ello el cuerpo de Héctor está en peligro.
Nosotros debemos salir a por él. Se lo comerán los chacales si no lo hacemos, o peor, los aqueos podrían echarlo al mar.
Y entonces nuestra necesidad de enterrarlo nos hace escabullirnos y suplicar a Aquiles su permiso para tomarlo. Nuestro sollozo es tan fuerte que por poco y no escuchamos el redentor sí.
Nos llevamos su cuerpo. El rostro de Fandiño se comienza a dibujar mientras nos adentramos a Troya.
Nuestra fiesta ha recuperada a su Héctor, de entre los dientes del rencor obviado por los que no creen en el valor y la muerte, esos que poco comprenden la gesta del héroe.
Iván, nuestro muerto se convierte en un signo de catarsis.
Iván con su coleta dorada por el sol, nos acongoja al irse.
Nos abandonó en el acto de amor que siempre fueron sus días de torero, porque sabía que así también se muere.
La muerte que lo ha …

Hablando de toros

Hay días que en los que no hace falta hablar de toros...
pero las noches... Dios Santo!!
¡Yo podría hablar de toros todas las noches del mundo!

Otra vez el destino... 7 recuerdos del Pana

Ahora sabemos que al Pana lo van a enterrar dos (tres?) veces porque no es fácil enterrar a un brujo, a una emoción tan grande.
Hoy mi madre me preguntó por El Pana. Nos pusimos como niñas a llorar, sí. Ninguna de las dos fuimos cercanas a él. Ella recuerda que la última vez que lo vio en persona fue en la plaza, él vestido de civil con sombrero y puro, en el graderío muy cerca de mi padre. Pero no hablaron. Por mi parte, la última vez quizá fue en alguna plaza de Tlaxcala, o de Puebla. La realidad es que mi familia jamás fue de ídolos, ni posters, ni discos de cantantes... Pero Rodolfo era otra cosa. Un lance familiar en el que la admiración se conjugaba con la conmiseración hacia un ser querido en perpetua desgracia. 


Uno. 
Una vez fui con mi padre a ver al Pana con Alberto Ortega, fue extraño, ambos sabíamos que esa tarde era fatal, para alguno de los dos. Alberto era el talento hecho trizas y miedo. El Pana el talento hecho mierda por el alcohol y la ridiculez del que a fuerza de ser…

Soy yo, ese niño que juega al toro

Llevo algún tiempo alejada de las plazas,  pero es inútil alejarme del Toro, hay días enteros en los que lo único que me mantiene concentrada en mis tareas godinezcas es una serie de pasodobles y un poco de flamenco. Hay noches en las que pongo la corrida de la resurrección del Pana y vuelvo a sentirme feliz. Pero la alegría proviene de lugares aún más pequeños por ejemplo, sacudir esa parte del librero que tiene los libros taurinos que he recolectado a lo largo de mi andar. Otras veces al saludar y abrazar a mis amigos taurinos aunque sea sólo por chat. Pero también hay días en los que me molesta en demasía ser parte de un barco que está por hundirse.


No estoy pidiendo amor, ni siquiera deseo...

Ella, cansada, se retiraba de la afrenta. El calor de aquel día la sofocó más que de costumbre. Estaba harta de escuchar explicaciones ridículas, de falsos aduladores, de insípidas despedidas.
Cuando uno escribe de toros nunca imagina lo que pasará después. En ocasiones la vida es justa y alguien del tendido te da la espalda... te entrega su espalda y entonces te llenas las manos de una sustancia oscura y liviana que produce deseo. Pero sólo es un momento fugaz.