sábado

Del síndrome de la Cenicienta... Ay Guadalajara! (Segunda de Tres partes)

La ruta de tu cuerpo la he de recorrer
tus huesos he de mascar para saciar mi sed...


Dicen que la distancia es el olvido... pero yo no concibo esa razón...

A veces uno cree que el asunto de la tauromaquia es efímero. No lo creo así. De serlo ¿acaso se permitirían tantos taurinos y aficionados a los toros, olvidar una chicuelina sin par o esas verónicas de Morante de las que tanto se habla en las tertulias bravas? Ja! Si lo sabré yo que fui a La Nuevo Progreso de Guadalajara un 26 de febrero de 2012, sin más acompañante que mis avíos fotográficos, mis prendas para un día más y un boleto redondo de fiado... Ni hablar, cuando la afición reclama Toro debemos acudir si es que un cartel lo promete y más, si unos amigos te esperan.

La tarde con un sol para emborrachar a todo el tendido se dejó caer sin angustia, sin temor y sin patita pa'tras. El tendido iba tomando forma, la cecina comenzaba a dejarse ver en las manos de todos los que llegamos puntuales. Era como si cual gatos se relamieran los bigotes antes del zarpazo. Qué caray. También, claro, la cerveza que se pedía de maneras insospechadas, por ejemplo la señorita de la foto silbando efusivamente para conseguirla.

El cartel:

Nuevo Progreso de Guadalajara
8va Gran Corrida 
Temporada 2011-2012

Alejandro Talavante
Arturo Saldívar
Diego Silveti 

6 Santa María de Xalpa 6
Domingo 26 de Febrero 2012
16:30hrs

Los precios complicadísimos para las familias aunque ciertamente hay 'preferentes' (para la tercera edad)  los amigos pagamos un promedio de $300 por boleto (en SOL). ¿Cuántos éramos? Multiplique usted por 16, claro que... todos íbamos de solteros.

El alguacilillo con una cadencia que rayaba en el letargo diplomático desbarató la arena. Entregó las divisas y entonces Carmen (el Aria del Toreador de la Ópera Carmen de George Bizet) se escuchó y yo casi no me percato, por andar buscando el tres perfecto de los de oro bordado...

¡Cómo disfruté el paseíllo!, tuve como siempre, un extraño nerviosismo, insospechado por quienes no saben lo que es festejar el cumpleaños de la niñez en una plaza de toros, increíble para los que de por sí son incrédulos y no entienden cómo en la piel de una mujer joven pueden sentirse las sensaciones como en un día de tormenta los rayos en los ojos o el estruendo de aquellos en los oídos que andan cercanos.

Se presentaron las cuadrillas ante el juez y el respetable los recibió con algarabía, todos sabíamos que este sería el cartel que pagaría la temporada, al menos eso se esperaba, eso se quería, se deseaba, se rezaba...

Y tras el estiramiento gimnástico de los subalternos y el toreo de salón de los toreros, se anunció a 'Bribón', número 297, de 495Kg, un hermoso toro negro de caja chica pero perfecto. Salió a saludarlo  Talavante de violeta y oro, con la montera aprisionándole las cejas, la embestida no era muy cierta,  pero el torero aguantó. El toro al caballo cumplió, arremetiendo con fuerza y por debajo, humillando bien. Las banderillas a cargo de los monosabios fueron precisas. Luego vendría la muleta, Alejandro Talavante decidió irse por naturales con este ejemplar y así dos tandas fluyeron. Cortó una oreja.

Salió el segundo burel, bravo, hermoso aunque ciertamente traía sentido un remo. Su nombre: 'Buen Amigo', número 296; sus 490Kg empujaron con fuerza y codicia a la jaca del picador. Saldívar con sus chicuelinas a compás abierto entusiasmó al tendido. Yo estaba feliz tan sólo de ver Toro. Las banderillas se colocaron para que Arturo, el encastado Arturo, comenzara la lidia con un cambiado por la espalda en tablas. No hubo necesidad de sacar el pañuelo.

Y comenzaron las incomodidades... cuando anunciaron a 'Bienvenido' Núm. 316, con un peso de 480Kg, a lidiar por Diego Silveti. Y es que este toro no había sido anunciado, al parecer durante el sorteo se decidió que éste se cambiara por el primer reserva que finalmente sí salió a la arena. Diego, Diego a dónde te fuiste a meter. Era un colorado largo de carita, que hacía pensar más en un novillo que en un cinqueño. Diego con su capote nos meció en una de sus verónicas... En el caballo el toro fue igual que en las banderillas. Recuerdo con nostalgia la casaquilla del picador, un hermoso bordado de flores sobre un negro que aún me hace sonreír. Vendría luego una faena casi por la fuerza, tres tandas de derechazos que sabían más a taleguilla que a bravura. Una estocada donde Diego se entregó y de la que aún siento el golpe del acero. Nada para él. Ni para el toro que fue un tanto rechiflado de salida.

El Cuarto Toro, el más esperado de la tarde, un melocotón que nos recordó a todos quién es el dios Sol: perfecto de hechuras, largo, precioso. Unas blancas pezuñas cargaban sin queja los 515Kg que conformaban a 'Compañero', número 13. Desde que publicaron las fotos de corrales ya me relamía los bigotes, como los aficionados antes de la corrida, con la cecina que tomaban de las bolsas transparentes. Alejandro Talavante con este animal, sería quien lidiara el lote más pesado. Qué gusto saber que no teme enfrentarse a Toros, qué triste ver que los lotes no fueron tan parejos. Al caballo fue tan bravo como en las banderillas. Y en la muleta Talavante tuvo que echar mano de toda su técnica y su valor. Pero hubo momentos de lucidez, de llevarlo humillado y con la muleta templada, por el izquierdo y por el derecho, para terminar por manoletinas la faena. Un pinchazo hondo nos recordó de golpe que el toro no había abierto el hocico ni un momento y entonces cuando el segundo encuentro con el acero, lo abrió tan solo para mostrar que le habían herido un pulmón.

El quinto saltó a la arena y tuvo que ser devuelto, la plaza estaba completamente indignada, pero no surtió efecto aquella queja. Arturo Saldívar tuvo que soportar el estruendoso dolor del puyazo que la afición de La Nuevo Progreso, al ver en juego a un animal sin trapío, cariavacado, escurrido de carnes, aunque cornalón y con la pericia suficiente para tumbar al picador. Esa lidia sí que fue de aliño y la justificación perfecta para regalar un toro. Talavante también lo habría pensado, en el callejón todo comenzó a moverse. La gente rugió un 'novillero' y seguramente el torero bramó un 'tengo que salir a hombros'. Lo haría.

El sexto de lidia complicada, Diego no tuvo suerte en su lote. No diré más.

Nota sobre el tendido... Los niños hasta el arrastre del sexto toro siguieron sentados al lado de sus padres que ya acusaban cierta borrachera. Y cuando ese último toro cruzó el callejón comenzó la fiesta, esa fiesta que ya se tramaba durante la última lidia en juego...


(Fin de la segunda parte) 


















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