Es cierto que El Pana es un ejemplar taurino muy peculiar, un apestado por genial y genuino, por borracho, por jodido, por artista, por loquito, por antiguo, por maletilla, por otras tantas que usted señor lector podrá añadir a la lista. Este hombre que al hablar pareciera ser un ente muy aparte de Rodolfo Rodríguez y de El Pana, y al mismo tiempo se considera como su propio moderador en la "lucha" encarnizada entre estos dos seres: el primero un borracho sin remedio, el perdedor que arrastra al genio, el vicioso que destroza el cuerpo; el segundo un artista enjaulado en un cuerpo avenjentado, un maletilla que ha soportado el rechazo incesante de empresarios y toreros envidiosos de su arte, un dotado que "se da su taco" cada que puede; nos hechiza cuando le susurra el duende. Y después de vivir en el olvido por mucho tiempo -aunque de vez en vez se le veía por una plaza de segunda (como el Relicario) que le daba "chance" de torea...