domingo

La libertad del taurino en el Internet... una mentira más.

Hoy se han llenado la boca diciendo que el siglo XXI es, válgame la redundancia, el siglo del conocimiento y la información. Nada más equivocado para el antitaurino. 


Resulta triste y agobiante saberse parte de una minoría, más cuando es tan fácil ser aplastado por un grupo aparentemente organizado de sujetos que creen tener la verdad y la razón de su lado. Sin embargo hasta dónde esta 'razón o verdad' les hace superiores y les otorga el poder de decidir sobre las costumbres de otros.

@hagamosaficion de Nohemí Miranda 
Los taurinos ciertamente no somos un grupo de indígenas para que nos apoyemos en las políticas públicas (programas e instituciones) que protegen a éstos. Somos sí el resultado (en México) del gusto por una tradición ibérica... somos mayoritariamente citadinos y resulta incoherente que nos guste un ritual que no tiene cabida en una sociedad a la que la muerte ha dejado de interesar.

¿Hipócritas? No, ellos los antitaurinos y animalistas atacan nuestra libertad porque no entienden el concepto de libertad ni de respeto. Mucho menos están prestos a escuchar las razones ecológicas que la Fiesta de los Toros mantiene como su eje. La crianza de un animal no domesticado para precisamente resguardar su naturaleza es el centro, el motor. ¿No alcanzan a ver? Es cierto es un ritual de sangre pero sólo se sacrifica al 8% del total del ganado de lidia,  y ese 92% vive en plenitud.

El toro bravo no es un esclavo del hombre. 


Hace unas horas una cuenta animalista (@noticieroanimal) se puso en contacto con una antitaurina (@BASTAtauromakia) para dar de baja o solicitar la baja de la cuenta @HagamosAficion de Nohemí Miranda una taurina mexicana que goza de una lucidez taurina envidiable. Ella es una de las aficionadas con mayor empuje. Se dedica desde hace algunos años a difundir la Cultura del Toro, no los toreros ni las empresas, no. Ella se dedica a fomentar la Cultura del Toro... sus letras en su blog son inteligentes y bien plantadas tanto como sus palabras en el podcast 'Voces de Luces' con el Bardo de la Taurina y Ángel Bernal. A Nohemí siempre la encontramos con una línea taurina interesante en twitter, sin la fantochería propia del taurino que quiere los favores del torero. Ella quiere el favor del Toro... quiere que no se extinga esta Fiesta.

Mensajes antitaurinos contra @hagamosaficion

¿Qué sigue? Que nos persigan cual brujas... seguramente. ¿Quién les ha dicho que tienen el poder de terminar con lo que NO les guste? ¿Quién? Esperemos que esto no siga ya suficiente tenemos con nuestros propios problemas como 'Familia Taurina' como para encima tener que soportar el bochorno de sus palabras obscenas y su intolerancia.


Libertad y tolerancia para nuestra Fiesta de los de afuera y Verdad y Toro para quienes vivimos dentro. 
'Lagarto' un Toro bravo de Cebada Gago lidiado en Arles durante la Pascua 2013.
Foto: Isabelle Dupin 

martes

Las plazas taurinas de Puebla


En Puebla han existido varias plazas de toros, incluso más grandes que El Relicario y con una historia que garantizaría su inclusión en el catálogo del Patrimonio Cultural de la Ciudad. 




Antes de la construcción de plazas de toros fijas en Puebla existieron varias provisionales que se instalaban en El Zócalo -Plaza Mayor-, la Plazuela de San José, la Plazuela del Carmen o en los terrenos del Coliseo (Del Razo, 2000). Existe aún el plano de una de estas plazas en los archivos de la Ciudad donde se aprecian dos cosas importantes: No existía la fuente de San Miguel en el centro de la plaza y el ruedo era cuadrado. Se sabe también que dentro de los preparativos previos al festejo se entregaban de manera personal invitaciones a las familias de abolengo de la Ciudad; el resto de la población estaba obligada a ir sobre todo la 'clase baja'. De no presentarse recibían azotes, cárcel o multas según el estrato social al que pertenecieran. Durante estos festejos el Cabildo repartía colación y se encargaba de comprar toros bravos, grandes y gordos para garantizar un espectáculo interesante (García, 2012). Estas fiestas taurinas no eran como las corridas de hoy en día pues eran los españoles a caballo quienes daban muerte al toro alanceándolo, es decir atravesándolo con una vara. Estos combatientes era auxiliados por pajes que se ayudaban en dichas labores con sus capas. Estos últimos (luego de la caída de la monarquía) se convertirían en los toreros que ahora conocemos.
Es en el siglo XIX cuando el espectáculo taurino evoluciona a lo que es hoy y se convierte en una actividad privada a la que se acude únicamente pagando. En otras palabras aparecen los toreros y el boleto de entrada; con ello se acaban los azotes y comienza la verbena. Por otro lado la organización se hizo cada vez más compleja y para 1840 se estableció una asociación de empresarios que invirtieron en la construcción del primer coso taurino de la Ciudad de Puebla: la Plaza de Toros del Paseo Nuevo. Así fue como se edificó un coliseo para tres mil personas con una inversión total de 17,591 pesos de aquel entonces. Los del parné fueron: Francisco Azcárate, Miguel Zavala, Andrés Torres y José Miguel García, todos ellos comerciantes exitosos de la Angelópolis. 









Los pleitos con las autoridades y la competencia



Históricamente Puebla ha tenido un sin fin de detalles en la administración de las plazas. Andrés Torres fue el Gerente Operativo de esta primera plaza. Se encargaba de contratar a los toreros y comprar los toros (casi siempre de Atenco). Los espectáculos que acompañaban a las corridas iban desde saltinbanquis y yeguas broncas hasta apaches que daban muerte a los toros con sus flechas de guerra. Los espadas que se anunciaban eran entre muchos otros: Mariano González, Andrés Chavez, Magdaleno Vera, Bernardo Gaviño, Ponciano Díaz y la matadora Manuela González. Las ganancias por espectáculos tan complejos llegaban a los 500 pesos, lo cual incluía la participación de algún grupo especial, un alguacilillo que partía plaza y alejaba del ruedo a los curiosos (como se comenzaba a usar en España) y la corrida de toros (banderilleros, picadores, locos -cómicos- y cacheteros o puntilleros). En ese entonces el Cabildo sólo otorgaba el permiso y cobraba una cuota por corrida (30 pesos). Hubo que lidiar con algunas restricciones de acuerdo a la 'moral' en turno de tales autoridades, por ejemplo: la prohibición de la muerte y heridas a los bureles; o bien -apunta Blanca del Razo- 'que las astas de los toros fueran despuntadas, para proteger al torero, restándole lucimiento a su faena. No se admitían niños menores de 12 años, etcétera" (2000). Debido a la controversia sobre las cuotas y los permisos, algunos otros interesados en las jugosas ganancias taurinas decidieron competir con el Paseo Nuevo. Así se construyó en 1852 la Plaza San Jerónimo (7 Ote. entre 4 y 6 Sur) propiedad de Marcos Otañez y con un aforo también de 3 mil personas. Sin embargo los sitios durante la intervención francesa, dañaron seriamente esta plaza y fue demolida en 1867. Pero aún podemos oler la madera de la que estuvo hecha en el Teatro La Paz, antes teatro Guerrero, pues para la construcción de éste se echó mano de aquel material. 
En 1880 fue inaugurada la Plaza de San Francisco por Bernardo Gaviño (Leich,1852) en la calle Estanque de los pescaditos a espaldas de la orden de San Francisco. Aún perviven ahí algunos rastros taurinos pues en la entrada de la plaza comercial que ahora existe, se encuentran pequeñas cabezas de toros incrustadas en la fachada. Para 1907 otra plaza es abierta: la de La Colonia, construida por Don Antonio Gallegos. 
La Plaza de Toros Del Paseo Nuevo, conocida en sus últimos años como La Abuelita, fue demolida en 1937 con un sinfín de anécdotas en las que podemos encontrar a Ponciano Díaz, La Charrita Mexicana, La Cuadrilla de Señoritas Toreras, la muerte de Juan Romero 'Saleri' en 1888, fue también quien permitió a Benito Juárez mantener los hospitales de sangre con las ganancias de sus espectáculos, durante los movimientos armados fue también resguardo de soldados y lo más triste tal vez es que sus propios aficionados fueron quienes le procuraron los mayores daños pues la incendiaron en varias ocasiones (García, 2012).
Un año antes de la desaparición de La Abuelita, se inaugura 'El Toreo de Puebla' (el 26 de noviembre de 1936) con el mano a mano entre Alberto Balderas y Jesús Solórzano. Su costo fue de 235, 000 pesos, su aforo de 14,000 personas y el ruedo medía 80 metros de diámetro. La construcción estuvo a cargo de los ingenieros Miguel Atristáin y Carlos Octenjak bajo la supervisión del ingeniero Federico Ortega. Esta ha sido la plaza más grande en Puebla, fue demolida en 1973. Luego de su desaparición la afición taurina poblana soportó las vicisitudes de las plazas portátiles hasta que en 1988 el empresario José Ángel López Lima  invierte un millón de pesos para la construcción de la plaza El Relicario de Joselito Huerta, en un terreno propiedad del gobierno muy cercano al Recinto Ferial. A diferencia de Andrés Torres López Lima no pudo contar con una concesión que le permitiera recuperar el total de su inversión ya que el acuerdo para administrarla durante los subsecuentes diez años, no fue respetado por las autoridades en turno. 
Ahora después de un año de inactividad, durante el cual los aficionados fueron torturados por las declaraciones de Cabalán Macari donde se aseguró que la plaza sería demolida y los rumores apuntaban a que en su lugar se construiría un hotel o un estacionamiento para el Recinto Ferial; el Relicario y sus 4,500 taurinos podrán disfrutar nuevamente de la tauromaquia. Existe aún la posibilidad de la demolición pero también la 'esperanza' de que se construya una nueva plaza para esta Ciudad.  




Bibliografía: 




  • Del Razo Lazcano, Blanca, 2000. Plaza de Toros el Paseo Nuevo. Orígenes de la Fiesta Brava en Puebla. México: BUAP.
  • Leich, Hugo, 1852. Calles de Puebla. México: s. e.
  • García, Rosa, 2012. Entrevista personal. Programa de radio Las Taurinas, consultado en: www.inter-toros.com, 23 marzo de 2013.




Fotografías:

Plaza de Toros del Paseo Nuevo, tomada deAportaciones Histórico Taurinas Mexicanas
Ponciano Díaz, tomada de De pitón a pitón
Resto de las fotografías: Gabriela Guevara